Una Visión Más Grande

¿Una Vida Abundante?

Alguna vez te has preguntado, ¿Esto es todo? ¿No existe más en la vida sino el trabajo, los impuestos y la muerte? ¿Por qué estoy aquí? Creo que muchos lo han pensando y se han hecho preguntas similares. Aún entre los cristianos a veces encontramos las mismas dudas y la falta de esperanza. ¿Es posible experimentar la vida abundante que Jesús mencionó? Sí, todo es posible, pero es esencial que conozcamos como funciona el reino de Dios si vamos a lograr algo más en la vida.

Como un extranjero en Chile, he tenido que aprender la cultura, el lenguaje y las leyes de mi país adoptado. Si voy a vivir una vida de paz y tranquilidad en Chile, no puedo seguir viviendo según las normas de mi país natal. Los costumbres y el idioma de los Estados Unidos no tienen relevancia en Chile. Todavía, después de varios años, sigo aprendiendo como vivir en Chile, pero cada año es más fácil. Así es también en el reino de Dios. No es posible vivir exitosamente en el reino de Dios utilizando los principios del mundo.


Busca Primero el Reino de Dios

Jesús declaró, “Busca primero el reino de Dios...” (Mateo 6:33). ¿De qué consiste un reino? Un reino consiste de tres elementos importantes: un rey, los sujetos, y las leyes que los gobiernan. El reino de Dios es así, también. Jesucristo es el Rey, la suprema autoridad, la fuente de vida y bendición en su reino. Los sujetos son todos los que han nacidos de nuevo y que viven sus vidas bajo el señorío del Rey. Y las leyes son los principios eternos que Dios ha establecido para gobernar su reino. Si aplicamos los principios de Dios a nuestras vidas en una forma constante, vamos a experimentar los beneficios que fluyen del Rey sobre sus sujetos.

Lamentablemente, muchos cristianos no están caminando en los principios del reino y, por eso, se encuentran desilusionados y fracasados en sus vidas. Piden oración por sus matrimonios, por sus niños rebeldes, por sus finanzas y por su salud, pensando que, tal vez, la fe de otra persona puede arreglar instantáneamente sus problemas. Realmente no han entendido como funciona el reino.


¿Cómo funciona el Reino de Dios?

Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado” (Marcos 4:26-29). En este pequeño ejemplo, Jesús nos da uno de los principios más importante que existe en el reino de Dios. El declara, “Así es el reino de Dios”. Cada vez que encontramos estas palabras, debemos poner toda nuestra atención en lo que sigue, porque son principios que nos pueden llevar a la vida abundante.

Jesús compara el reino con los conceptos de sembrar y cosechar. El reino funciona como una semilla echada en la tierra. La semilla contiene todo el potencial para crecer y multiplicarse sin fin, si es que se encuentra con buena tierra. De hecho, todo lo que Dios creó funciona según este principio Cada planta y animal en el mundo fue creado para multiplicarse según su género. Una semilla de manzana producirá manzanas, y una de choclo, choclo. Y siempre producirá mucho más que fue sembrado. La multiplicación de la semilla es el secreto de la abundancia de Dios. No solamente es así en el mundo natural sino también en el mundo espiritual. El reino comienza como una semilla sembrada. La semilla es la palabra de Dios.

Oíd, He aquí, el sembrador salió a sembrar... El sembrador es el que siembra la palabra” (Marcos 4:3 y 14). Todo lo que Dios hace, lo hace a través de su palabra. El creó el universo, el mundo, las plantas y los animales por su palabra. De hecho, la Biblia declara que todo lo que existe está siendo sostenido por la palabra de Dios (Hebreos 1:3). La Palabra de Dios es su fuerza creativa. El habla, y lo que dice, sucede.


La Semilla de la Palabra

El principio que Dios ha elegido para desatar su poder y abundancia en el mundo es el principio de la siembra y la cosecha. La Palabra representa la semilla que contiene el poder para cambiar las circunstancias en el mundo y en tu vida.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:10-11).

Todo funciona según este principio Un buen matrimonio tiene que ser sembrado, cuidado y cosechado. Los niños también. Palabras de amor, edificación, perdón y aceptación necesitan ser sembradas constantemente en cualquier relación si quieres cosechar todo lo que Dios tiene para uno. Dios ha establecido este proceso y no debe ser distorsionado por conceptos nuestros. Un buen matrimonio no es un milagro, es un proceso. Una buena situación económica también. Aún la salud y sanidad requieren que sigamos las reglas de alimentación, ejercicio y cuidado físico.

El principio de la semilla, más la oración de fe pueden trabajar en conjunto y, así, producir muchos cambios en la vida. Pero si estamos orando por un lado, y rompiendo los principios de Dios por el otro, no vamos a recibir lo que pedimos. El reino no funciona así.


La Tierra del Corazón

La tierra en nuestro ejemplo es el corazón del hombre. El lugar indicado para una semilla de la Palabra es la tierra del corazón. Y no cualquier tierra, sino buena tierra sin piedras y escombros. Tierra en la cual existen los nutrientes necesarios. Tierra que recibirá la lluvia a su tiempo. En cada semilla existe el potencial para reproducirse y multiplicarse por siempre. Pero si la semilla se queda fuera de la tierra, no pasa nada. También, la Palabra de Dios contiene todo el poder y el potencial para sanarte, edificarte, proveerte y restaurarte, pero si nunca llega a un corazón dispuesto y hambriento, no pasará nada. Así es el reino de Dios.


La Fábrica del Futuro

La tierra de tu corazón es la fábrica de la vida. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Todo lo que eres y tienes en este momento es el producto de las palabras que han sido sembradas en tu corazón sobre el curso de tu vida. Del corazón mana la vida. Cada palabra que has aceptado o proclamado está reproduciéndose y multiplicándose en el corazón. Tu vida actual representa el resultado. Tu auto imagen, tus morales, tu matrimonio, tu trabajo, todo. Las palabras han formado tu vida. Por eso la Biblia dice, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón...” El corazón es la tierra que produce todo lo que se siembra allí.

La Palabra de Dios contiene muchas promesas para aquellos que han nacido de nuevo. Cada promesa representa una semilla que lleva en sí el potencial para cumplirse. Dios dice, “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:10-11). Hay palabras de restauración, palabras de sanidad física y emocional, promesas para los matrimonios, para los niños, para el trabajo y las finanzas. Existen promesas para cada área de la vida. Pero necesitan ser sembradas en el corazón, regadas con la oración de fe y alabanza, y cosechadas a su tiempo. Así es el reino de Dios.


Una Visión Más Grande

La revelación de este principio puede revolucionar a tu vida. Puedes tener una visión más grande para el futuro. El futuro no necesariamente tiene que ser como el presente. El futuro se encuentra en tu boca y en tu corazón. Como el granjero puede cambiar la siembra en cada temporada, el cristiano, también, es capaz de cambiar lo que siembra en su corazón, y así, cambiar la cosecha de su futuro. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

En cada corazón existe un tesoro. Este tesoro es el resultado de todo lo que uno ha sembrado allí durante la vida. Lo que hay en el tesoro puede ser bueno o malo. El corazón representa el espíritu del hombre, la fuente de su vida y la tierra de su siembra. “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). En otras palabras, es del corazón que sale de tu futuro (la cosecha). Los pensamientos, las palabras y las acciones que corresponden, residen en tu corazón. O es un buen tesoro o es malo. Si es bueno, sacarás lo bueno y tu futuro será seguro.

¿Qué hay en tu corazón? ¿Cómo se ve el futuro? Si el corazón se encuentra lleno de piedras y maleza, es tiempo de tomar una decisión. Los cambios no siempre suceden en forma rápida. Por eso, muchos nunca logran las metas que alguna vez habían establecidos. No tienen la paciencia ni la perseverancia necesaria para vivir según los principios de Dios. “Son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan... los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:17 y 19). Pero si decides hoy sembrar nueva semilla en tu corazón, y si la proteges y la riegas con la oración de fe, la alabanza, la meditación en las promesas de Dios, y las acciones que corresponden, vas a cosechar la plena manifestación de la semilla que sembraste.


La Visión del Corazón

Uno nunca va a obtener algo que no se puede concebir en su corazón. Y el corazón no puede producir lo que no ha sido sembrado en él. Si no puedes “ver”, con los ojos de tu corazón la cosecha, como el granjero cuando él siembra su semilla, nunca la vas a cosechar. Un matrimonio restaurado tiene que ser concebido en el corazón y sembrado a través de palabras, acciones y oraciones de fe, o no va a suceder. Si no puedes verte sanado, tampoco lo vas a experimentar. Si no puedes mirar hacia el futuro y verte prospero, espíritu, alma y cuerpo, jamás te va a suceder. La vida sale del corazón y el corazón requiere la semilla de la Palabra de Dios.

No importa como se encuentra el presente, el futuro puede ser mejor. Dios quiere que tengas una visión más grande. Una visión que incluye todo los beneficios del reino de Dios. Una visión que recibe todas las bendiciones que Jesús nos compró por la cruz. Decide poner la Palabra de Dios y sus promesas en primer lugar en tu vida. Llena tu corazón, tu mente y tu boca con las verdades que Dios nos ha revelado en el Nuevo Pacto. Sé un hacedor de la Palabra y no un oidor olvidadizo. Transforma tu futuro. Comienza a cambiar la siembra para que la buena cosecha llegue luego. La decisión es tuya.