¿Es la sanidad para ti? ¿Manda Dios las
enfermedades para probarnos? ¿Recibe Dios la gloria cuando
soportamos las enfermedades? El tema de la sanidad es controversial
para muchos. El hecho que algunos cristianos sufren físicamente
año tras año, aún cuando aman al Señor,
ha llevado a muchos a concluir que la sanidad es algo que solamente
Dios en su soberanía puede otorgar a sus hijos cuando El
quiera. Tal vez pensamos que el hombre pueda pedir la sanidad pero
Dios no está obligado a sanar a nadie. Mientras existe la
duda en nuestros corazones es imposible recibir “cosa alguna”
del Señor (Santiago. 1:8). Pero, gracias
a Dios, el nuevo pacto de Jesucristo ha establecido que la sanidad es
para todos, y si vivimos según los principios del reino de
Dios, la sanidad física es uno de los beneficios.
Una
creación sin enfermedades
En el principio cuando Dios creó el mundo y puso
el hombre en el huerto de Edén, no existían las
enfermedades. De hecho, Dios declaró que todo lo que El había
hecho “era bueno en gran manera”(Génesis 1:31).
La raza humana, que fue creada a la imagen de Dios, no necesitaba
aprender nada a través de las enfermedades y la muerte. Estas
maldiciones no existían para “enseñar” al hombre
algo o para “glorificar” al Señor. Dios delegó
autoridad y dominio al hombre y su plan era que el hombre se
multiplicase y llenase la tierra SIN ENFERMEDADES (Génesis
1:27-28).
Pero cuando el hombre pecó, desató el
poder y la maldición de Satanás en el mundo y todos los
hombres fueron condenados a la muerte. “Por
la transgresión de uno solo reinó la muerte...”
(Romanos 5:17). “Así que, como por
la transgresión de uno vino la condenación a todos los
hombres...” (Romanos 5:18). No
solamente perdió el hombre su comunión con Dios, sino
también perdió el poder físico para evitar la
muerte. El cuerpo quedó condenado, y por su debilidad, quedó
susceptible a las enfermedades que existían de parte del
diablo para apresurar la muerte y esclavizar al hombre.
¿Qué
piensa Dios de las enfermedades?
Sabemos que Jesús es el resplandor de la gloria
de Dios, y la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1:3).
Jesús declaró que, “El que me
ha visto a mí, ha visto al Padre”
(Juan 14:9). Además, Jesús
proclamó, “No puede el Hijo hacer
nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; por que todo
lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”
(Juan 5:19). Así pues, es lícito
concluir que el ministerio de Jesús refleje la mente y el
corazón de Dios. Lo que piensa Jesús piensa el Padre,
lo que dice Jesús dice el Padre, y lo que hace Jesús
hace el Padre. Entonces, ¿qué piensa Dios de las
enfermedades?
En Lucas capítulo 13, versículos 10-16,
encontramos la historia de una mujer que había sufrida por
dieciocho años con una enfermedad. Jesús declaró
la enfermedad como ATADURA de satanás y una LIGADURA, y le
sanó. En los cuatro evangelios vemos Jesús sanando a
todos los que venían a El. No existe ni un caso en lo cual
Jesús no sanó a una persona que le había buscado
en fe. Además, había un caso cuando Jesús ni
siquiera sabía quien le había tocado para recibir la
sanidad. Sin embargo, lo que salió de El fue el poder para
sanar a esta mujer, sin saber si ella lo “merecía” o no
(Marcos 5:24-34). Hechos 10:38 declara, “como
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús
de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y
sanando a todos los OPRIMIDOS por el diablo, porque Dios estaba con
él.” Entonces, Dios llama las
enfermedades como ataduras, ligaduras y opresión.
Jesús jamás enfermó a alguien para
enseñarle algo, y jamás dejó a alguien en su
enfermedad para “la gloria de Dios.” De hecho, Dios siempre
recibía la gloria a través de la sanidad de los
enfermos. Las enfermedades representan la obra de satanás y
existen para “robar, matar y destruir” (Juan 10:10). Jesús
vino para deshacer (destruir) las obras del diablo (1 Juan.
3:8) y para darnos vida en abundancia (Juan
10:10).
Cuando pensamos en las enfermedades en la luz del Nuevo
Testamento, es fácil ver que no existe ninguna bendición
en la obra del diablo. Las enfermedades nos dejan incapaces de
trabajar, sin dinero, y obligan a que la familia del enfermo haga un
gran sacrifico. Además, el enfermo no puede seguir el plan de
Dios para su vida, lo cual es “bueno, agradable y perfecto”
(Romanos 12:2).
Aún las leyes de la sociedad nos enseñan
que un padre que maltrata o abusa de su hijo merece el juicio y la
cárcel. Es interesante como algunos cristianos piensan que el
abuso de los niños es un crimen, pero piensan a la vez que
Dios puede enfermar a SUS hijos y esta representa una bendición.
¿Dónde está la lógica y el sentido
común?
Si las enfermedades representan la voluntad de Dios y si
Dios quiere que estemos enfermos por alguna razón, entonces,
¿por qué gastamos tanto dinero en los médicos y
en las drogas? Si Dios quiere que estemos enfermos, es rebeldía
y desobediencia si buscamos la ayuda médica. No tenemos el
derecho de huir de la voluntad de Dios. Si estamos enfermos por su
gloria o por su voluntad, debemos quedarnos enfermos y morir, o tal
vez, mejorar, pero SIN la ayuda de un doctor. De hecho, todos los
doctores y los hospitales estarían luchando en contra de Dios
si es Dios que usa las enfermedades para su gloria. No, hermanos,
las enfermedades no provienen de Dios. El es el autor de la vida y
se reveló a si mismo en el Antiguo Testamento como “Jehová
tu Sanador.” Se reveló en el Nuevo Testamento como Dios en
la carne, Jesucristo, y anduvo haciendo bienes y sanando a todos los
oprimidos por el diablo. “Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos ”
(Hebreos 13:8).
¿En
qué consiste la redención?
En la cruz de Jesús vemos que El no solamente
llevó nuestros pecados sino también nuestras
enfermedades (Isaías 53:4-5). Todo lo que
el pecado de Adán había desatado en el mundo, la
redención de Jesucristo destruyó (Colosenses
2:13-15). El hombre quedó redimido en espíritu,
alma y cuerpo. David declara, “El es quien
perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”
(Salmo 103:3). Obviamente, si el pecado es el
problema y las enfermedades representan uno de sus resultados, cuando
Dios eliminó el poder del pecado, las enfermedades a la vez
perdieron su autoridad. Jesús dijo acerca del paralítico,
“¿Qué es más fácil,
decir: Tus pecados te son perdonados, o decir; Levántate y
anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene
potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):
A ti te digo, Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa”
(Lucas 5:23-24). Aquí podemos ver
claramente el vínculo que existe entre el pecado y las
enfermedades. La sanidad física es posible cuando el pecado
queda perdonado. Es la misma redención, la misma sangre de
Jesús y la misma fe que perdona y sana. No existen unas
reglas para recibir el perdón y otras para recibir la sanidad.
Es una sola redención y los beneficios se reciben por fe.
Ese no quiere decir que cada enfermedad es siempre el resultado de un
pecado personal, sino que el pecado que existe en el mundo es
responsable por el ambiente de las enfermedades y la muerte. Jesús
pagó el precio para perdonar Y SANAR a TODOS.
¿Para
cuántos es la sanidad?
Para contestar la pregunta, hagamos otra pregunta.
¿Para cuántos es la salvación? ¿Murió
Jesús para algunos o para todos?
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”
(Juan 3:16-17).
Obviamente, Dios quiere que todos sean salvos. El pagó
el precio por todo el mundo y todos los que creen en El pueden
recibir el regalo de la salvación. Pero ¿qué
significa “salvación”? La palabra “salvación”
en el griego frecuentemente es la palabra “sozo”, que significa
“salvar, librar, proteger y sanar.” De hecho, en el Nuevo
Testamento la palabra “sozo” se usa para hablar del perdón
de los pecados Y LA SANDIDAD FISICA. Nuestra salvación es una
salvación en todos los sentidos de la palabra.
“... Dios nuestro Salvador... quiere que todos los
hombres sean salvos (sozo)
y vengan al conocimiento de la verdad.”
(1 Timoteo 2:3-4)
“quien llevó él mismo nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero... y
por cuya herida fuisteis sanados.”
(1 Pedro 2:24)
Dios no quiere que sigamos viviendo en pecado para
glorificarle, y no quiere que sigamos enfermos tampoco. El nos
proveyó el poder para ser sanos en el mismo momento que nos
proveyó el poder para ser salvos. La sanidad es para todos.
Como
recibir la sanidad
Todas las cosas en el reino de Dios se reciben a través
de la fe. La fe es por el oír la Palabra de Dios (Romanos
10:17) y creerla en el corazón. Si escuchamos la
Palabra acerca del perdón de los pecados, tendremos fe para
recibir el perdón de los pecados. Pero si nunca escuchamos lo
que dice la Palabra acerca de la sanidad física no tendremos
fe para recibirla. No debemos pensar que Dios no quiere sanarnos.
Lo que no hemos entendido es que Dios ya nos sanó a través
de la cruz. En la misma forma que recibimos el perdón de los
pecados por fe, sin confiar en las emociones o los sentimientos, es
necesario que recibamos la sanidad. Somos salvos porque creemos lo
que dice la Palabra. Y somos sanados en la misma manera.
Alguien puede preguntar, si la sanidad es la voluntad de
Dios, ¿por qué no todos están sanados? Para
contestar la pregunta hagamos otra pregunta. ¿Por qué
no todos reciben el perdón de los pecados y la salvación
cuando escuchan el evangelio? Porque no existe fe en sus corazones.
Han decidido no creer las buenas nuevas. Pero millones han recibido
la salvación Y LA SANIDAD FISICA cuando creyeron la Palabra de
Dios. Dios no hace excepción de personas. La redención
de Jesucristo provee la sanidad para todos. “Conforme
a vuestra fe os sea hecho” (Mateo
9:29).
Existen varias formas para recibir la sanidad. Por
supuesto, la manera más segura es simplemente CREER que la
sanidad es un derecho tuyo y DECLARAR que eres sano. “Porque
con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se
confiesa para salvación” (Romanos
10:10). También existe la imposición de
manos; “... sobre los enfermos pondrán
sus manos, y sanarán” (Marcos
16:18). Además, uno puede pedir la oración
de fe de los ancianos de la iglesia. “¿ESTA
ALGUNO ENFERMO entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y
oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del
Señor. Y la oración de fe salvará al
enfermo...” (Santiago 5:14-15).
También existen dones de sanidad en la iglesia (vea 1
Corintios 12:4-11). Y, finalmente, uno puede pedir y
recibir la sanidad por fe. “Por tanto, os
digo que TODO lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis,
y os vendrá” (Marcos 11:24).
La sanidad es para ti. Si creemos y actuamos según
la Palabra de Dios, la verdad nos hará libres. Es tiempo que
el cuerpo de Cristo sepa que las enfermedades no representan la obra
de Dios en nuestras vidas sino la obra de Satanás. Es el
resultado de vivir en un mundo caído y contaminado. Pero Dios
nos ha dado su Palabra y el Espíritu Santo para vencer el
poder del pecado y las
enfermedades. Declaremos la victoria para que... “el
mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser,
espíritu, alma Y CUERPO, sea guardado irreprensible para la
venida de nuestro Señor Jesucristo”
(1 Tesalonicenses 5:23).