¿Para Qué Vino Jesús?

Hace casi dos mil años nació en un pueblo Judio un niño cuya vida transformó al mundo. Aún los calendarios modernos establecen su nacimiento como el punto ‘cero’ en cuanto a nuestra forma de marcar el tiempo. La historia habla de lo que pasó antes de él y después de él.  Su Nombre y su vida han sido usados para inspirar los pensamientos y las obras sociales y culturales más reconocidas en el mundo, y a la vez, algunos hechos de mucha crueldad. Algunos lo reconocen como un gran maestro, otros como una fábula, otros como el fundador de una nueva religión, y otros como el Hijo de Dios. ¿Quién es Jesús y por qué vino?

Durante el correr de los siglos de la existencia humana, Dios ha querido revelarse al hombre y tener comunión con él. En el principio Dios creó al mundo e hizo al hombre a su imagen. Esto significa que el hombre tenía la capacidad para pensar los pensamientos de Dios, sentir las emociones de Dios, hablar las palabras de Dios y hacer las obras de Dios. El hombre era el representante de Dios en el mundo y a él le fue entregado el dominio, la fe y la inteligencia para gobernar la creación de Dios. Sin embargo, en determinado momento, el hombre desobedeció a Dios y se rebeló contra su Palabra. La consecuencia de su traición fue la pérdida de su vida espiritual, la pérdida de su habilidad para gobernar, la pérdida de su fe, la pérdida de su entendimiento, y la pérdida del propósito de su existencia.

Como resultado, el hombre comenzó a buscar otras maneras para establecer dirección y propósito para su vida. La mayoría de los hombres simplemente comenzaron a vivir vidas carnales, esto es, vidas completamente entregadas a las pasiones de la carne: los vicios, la fornicación y el adulterio, y la búsqueda del poder y dinero. Otros buscaban por el lado espiritual, tratando de encontrarse de nuevo con Dios a través de ritos religiosos, supersticiones, leyes y sacrificios personales para agradar a un Dios desconocido y distante. Otros buscaban el significado de la vida en la educación y el desarrollo de su inteligencia, estableciendo al hombre como la fuente de toda verdad, y la ciencia como la única forma de entender la verdad.

Solo con basta con reflexionar por un momento en el estado del mundo para darse cuenta que está fuera de control. Las guerras, el hambre, la violencia, la contaminación, el odio, la codicia, el divorcio, los celos, etc., nos muestran claramente que el hombre tal como es, no tiene la capacidad de solucionar sus problemas. 

Para algunos la ciencia que en ocasiones niega la existencia de Dios, establece la cima del desarrollo humano, mientras algunos científicos inventan armas de destrucción capaces de destruir el planeta entero.   Para otros el dinero es 'el dios' y merece todo tipo de esfuerzo y sacrificio humano (moral o no) con tal de poder asegurar una posición de relevancia en la vida.

El sexo y las drogas se enseñorean sobre otros tantos, llevándolos a vivir en un estado practicamente animal. Si somos honestos, no hay nadie capaz de dominar sus pensamientos, palabras y acciones al punto de reflejar en forma constante, la pureza y el amor divino. ¿Qué haremos?

Lamentablemente, el hombre por sus propios métodos no es capaz de deshacer lo que le sucedió por causa del fracaso de Adán y Eva. Tampoco encontrará su destino y propósito a través de sus propios pensamientos y deseos. La Biblia declara que el hombre quedó “sin esperanza y sin Dios en el mundo” y “destituido de la gloria de Dios”. No existe ningún remedio humano. Así como un reloj o un auto no pueden arreglarse a sí mismos, tampoco puede hacerlo el hombre. Es un asunto que requiere una solución divina. Dios, el diseñador de la creación y del hombre, es el único que puede rescatar a la humanidad de su condición fracasada.

Tomando en cuenta el hecho de que Dios había entregado el dominio del mundo al hombre y éste. por su pecado, lo había entregado al diablo; la única respuesta legal para rescatar al hombre era que un hombre volviera al estado de perfección, viviera una vida sin pecado, y así, dominara y venciera al diablo,  y de esta forma proveyera una nueva oportunidad para toda la humanidad. El único problema es que no existía ningún hombre perfecto. La raza entera quedó contaminada por el pecado de Adán y Eva. Nadie puede vivir una vida pura y justa desde su nacimiento hasta su muerte. De hecho, la misma muerte es un resultado del pecado y por esta razón  'el hombre perfecto' tendría que vencer  a la muerte, también.

Aún cuando toto parecía un problema sin remedio, Dios había preparado la solución desde antes de la creación. Dios mismo tendría que hacerse hombre, nacer como un bebé, vivir una vida perfecta, mostrar Su dominio sobre el poder del diablo, morir, y finalmente, demostrar Su poder sobre la muerte a través de la resurrección.  De esta forma, cualquier persona que tuviera fe en este acto de amor, podría disfrutar de los mismos beneficios, recibiendo através de la fe una 'nueva vida espiritual.' Esto traería consigo fe en lugar de su temor, paz en lugar de la ansiedad, gozo en lugar de la tristeza, sanidad en lugar de las enfermedades y vida eterna en lugar de la separación eterna de la vida de Dios.

Dios llevó adelante su plan para solucionar el decadente estado del hombre a través de Jesús. Jesucristo es Dios en la carne. Es el hijo de Dios y el hijo del hombre. Nació de una virgen, con la sangre pura de su Padre, Dios, y con una naturaleza no contaminada. Fue tentado como todos los hombres pero venció cada tentación. Dominó al diablo, la naturaleza, la escasez, las enfermedades, y finalmente la muerte. Subió a la diestra de Dios en su rol de Señor y Salvador y ahora Él es nuestro representante en el cielo. Mediante la fe en Él, tomamos posesión como hijos nacidos de Dios de todos los privilegios, beneficios y responsabilidades que el ser 'hijo de Dios' representa.

Hay muchos aspectos de este evangelio que merecen nuestra atención. El conocimiento de lo que Dios ha hecho para el hombre es la cosa más preciosa que existe. Veamos cuatro verdades importantes que revelan los propósitos de Dios a través de Jesucristo. Si tomamos el tiempo para meditar en estos puntos, el evangelio va a resultar muchos más fácil de entender y explicar a otros.


¿Para qué vino Jesús?


1. Para revelar a Dios a los hombres

Tal vez la pregunta más grande en el corazón del hombre, tiene que ver con la existencia de Dios y como es Él. Existen tantas filosofías, religiones, y conceptos distintos que es muy fácil confundirse y, finalmente, quedar indiferente al tema. Para muchos, Dios es distante, misterioso, de mal genio, caprichoso, indefinible, solo una fuerza, bueno y malo a la vez, incompetente, o, simplemente inexistente. ¿Es posible conocer a Dios como realmente es?

En el principio, la Biblia menciona que Dios caminaba con el hombre en el huerto de Edén. Siendo el hombre la imagen de Dios, no es difícil pensar que existía una relación profunda y estrecha entre los dos. Sin duda el hombre conocía a Dios como El era, porque el mismo hombre fue creado a su imagen. Dios era conocible. Por su pecado, el hombre fue transformado de una posición de fe e intimidad con Dios a una posición de temor e incertidumbre. Aprendemos a través del Nuevo Testamento que el entendimiento del hombre quedó entenebrecido, esto es, sin luz. Los hombres comenzaron a pensar en Dios basando sus razonamientos en su temor e ignorancia. Por eso existen tantas religiones con conceptos distintos acerca de Dios. El hombre natural no puede entender ni conocer a Dios en su plenitud. Dios es un Espíritu y el hombre había muerto espiritualmente.

He aquí la razón por la que vino Jesús. Para revelarnos como es Dios, destruyendo la ignorancia, quitando la sombra de la incertidumbre, y alumbrando nuestra oscuridad con la luz de su vida. Dios es como Jesús. Jesús es Dios en forma humana. El mismo dijo, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). También, la Biblia declara que el Hijo es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3). Y, “el que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:23).

Entonces Dios no es una fuerza misteriosa, un ser espiritual distante, ni un viejo con barba blanca. Jesucristo representa la imagen misma de Dios incluyendo sus pensamientos, sus emociones, sus palabras y sus obras. No existe ninguna diferencia entre Dios y el Hijo. Dios no tiene un temperamento, y el Hijo otro. Jesús no es más simpático que Dios. “En El habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Lo que hace Jesús, hace Dios. Lo que dice Jesús, dice Dios. Lo que piensa Jesús, piensa Dios, porque “no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que el Padre hace, porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). La manifestación de Dios a través de Jesucristo es la revelación más importante en la historia del mundo. Por eso vino Jesús.


2. Para buscar y salvar a los perdidos

La segunda razón por la cual vino Jesús al mundo fue para rescatar a la humanidad. Como hemos visto, la condición del hombre no tiene solución sin la participación de Dios. Dios es amor, y fue el profundo amor que El tiene por  su creación lo que lo obligó a sacrificarse a sí mismo por nosotros. Jesucristo, siendo Dios en la carne, un hombre perfecto con la sangre de su Padre en sus venas, tenía dos opciones.

 - Quedarse viviendo para siempre en la tierra

 - Morir y resucitar para librar del pecado y la muerte a la humanidad

Hubiera sido posible para El vivir aqui en el mundo por siempre, caminando entre nosotros, enseñándonos, sanándonos y consolándonos. Así, el mundo hubiera tenido un 'Señor consolador' pero no un 'Señor Salvador,'  porque la muerte hubiera seguido acabando con todos los hombres como siempre. Jesús era el único que hubiera tenido el derecho a la vida eterna por su naturaleza sin pecado.

La otra opción era que Jesús muriese (el justo por los injustos), tomando en sí la consecuencia de nuestros pecados y sufriendo la pena de la muerte. El sacrificio de Dios en la carne podría satisfacer la pena de la muerte para todos, abriendo la puerta de la vida eterna a toda la humanidad por fe. Entonces, no solamente vino Jesús para consolarnos en una forma temporal, sino para salvarnos de nuestra condición pecaminosa. El único requisito es que creamos en El.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Y él es la propiciación (remisión) por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2). “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Juan 3:5). “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Concluyendo, vida eterna es lo que Dios nos ofrece. Pero no la vida que conocemos aquí en este mundo caído, sino la vida que solamente Dios puede proveer a aquellos que llevan su imagen, las nuevas criaturas, los hijos de Dios. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)


3. Para destruir las obras del diablo.

Otra gran razón por la cual vino Jesús fue para manifestar Su autoridad y poder sobre las obras destructivas del diablo. En el principio el pecado del hombre desató la maldición de Satanás en el mundo. Jesús dijo que el diablo era un ladrón que vino para robar, matar y destruir. A él se lo llama el ‘dios de este siglo’ y el ‘príncipe de este mundo’. El con sus demonios existen para fomentar rebelión en contra de Dios, y para tentar, afligir y oprimir a los hombres en cualquier manera. La Biblia declara que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). Veamos lo que Jesús declaró acerca de su ministerio en el mundo. “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).

Todo el mundo se encuentra desesperado por encontrar ayuda y respuestas a los grandes problemas que existen en el planeta. La única respuesta es la divina. “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Sí, existe un diablo, y sí, él tiene obras. La pobreza es una maldición, las enfermedades nos oprimen, el pecado y los vicios nos cautivan, las angustias de la vida quebrantan al corazón y nos dejan sin esperanza, pero, Jesús fue ungido por Dios para deshacer estas obras y darnos el potencial para vivir vidas libres de opresión, angustia, pobreza y enfermedades.

Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y... éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). Dios quiere que tú tengas vida en abundancia (Juan 10:10), y que puedas ser sanado de cualquier ligadura u opresión que has experimentado en la vida. Sanidad es posible por el alma, las emociones, la mente y el cuerpo. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Jesús ha vencido al diablo con su vida perfecta, su sacrificio y su resurrección. El poder para ser libre está disponible si crees en El. Por eso vino Jesús.


4. Para multiplicarse en y a través de nosotros.

Las primeras tres razones que hemos visto tienen que ver con lo que Dios ha hecho y lo que quiere hacer para nosotros. Pero, el último punto que queremos tocar tiene que ver con lo que Dios quiere de nosotros. ¿Cómo puede Jesús seguir con sus obras y sus propósitos en el mundo estando sentado a la diestra de Dios? ¿Qué pasa con el resto del mundo? ¿Es posible que su poder y su mensaje solamente hayan sido para los judíos del primer siglo? ¡Gracias a Dios, la respuesta es, No! Cuando ‘nacemos de nuevo’, esto es, confesamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal, Dios mismo por el Espíritu Santo nos transforma espiritualmente. No solamente nos perdona, sino que nos capacita para ser como El. Dios quiere tener muchos hijos, todos caminando en el mismo poder que tenía Jesucristo. “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:12-13).

Aún cuando es difícil comprender, Dios quiere que nosotros los creyentes hagamos las mismas obras de Jesús. El quiere multiplicarse en nosotros y a través de nosotros para que el mundo entero escuche y reciba el ministerio del evangelio. Jesús oró antes de su muerte lo siguiente; “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18). Y después de su resurrección El declara a sus discípulos, “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). ¿Cómo fue enviado Jesús al mundo? En poder y autoridad, dominando y deshaciendo las obras del diablo, sanando a los enfermos, proveyendo por los pobres y demostrando el amor de Dios hacia la humanidad. Dios quiere que hagamos lo mismo.

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20). Si tú eres un hijo de Dios, un discípulo de Jesucristo, tú tienes la autoridad y la responsabilidad para predicar el evangelio, para sanar a los enfermos y para dominar las obras del diablo. La Biblia declara que somos ‘embajadores’ de Cristo. Dios quiere transformar tu vida y llevarte a un nuevo nivel de vida con un propósito divino y eterno. Para eso vino Jesús.

Tal vez es la primera vez que has escuchado este mensaje. Tal vez has pensado que el evangelio representaba otra cosa o que la religión era un tema aburrido y confuso. Nuestra oración es que este escrito pueda sembrar una semilla divina en tu vida, la cual te pueda llevarte a un conocimiento pleno de Dios y sus propósitos para tu vida. Dios ya ha hecho su parte a través de Jesucristo. La Biblia dice, “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados... así que... os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:19-20). Ahora depende de ti. Puedes comenzar una vida transformada ahora mismo si quieres. Dios te espera. “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:8-10).


Padre, vengo a Ti en el nombre de Jesucristo.
Tu Palabra declara, “todo aquel que invocare
el nombre del Señor será salvo” (Hechos 2:21).
Yo te invoco. Pido que Jesús venga a mi vida
para ser mi Señor, mi Salvador, mi Sanador, mi
Proveedor, mi Fuerza y mi Paz. Recibo el
perdón de mis pecados y según tu Palabra me
declaro una nueva criatura en Cristo.
Soy salvo por fe y te alabo en el nombre de Jesús.
Amén.