Oración: Hablar a la Montaña

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.”  (Marcos 11:23)

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”  (Marcos 11:24)

Hay dos aspectos de la oración que deben ser entendidos. El primero trata de nuestra autoridad en contra de la obra del enemigo (la montaña). Cualquier cosa cuya característica sea ‘robar, matar o destruir’ (Juan 10:10) es algo a lo que nosotros podemos hablar, reprender o maldecir. 

El segundo elemento de la oración, es recibir por fe todo lo que se nos ha dado a través de la redención. La sanidad es nuestra, la paz es nuestra, la provisión es nuestra, el gozo, la protección,...etc. Pedimos y recibimos lo que nos pertenece, como que si fuéramos al banco con un cheque para sacar dinero de nuestra cuenta. Sabemos que el dinero está en el banco y que el cheque ha sido extendido en buena fe, sin dudar. Esa es una buena descripción de pedir en fe.  

La llave para una oración efectiva es creer sin dudar que “ya tienes” el final deseado. No hablamos a las montañas para convencernos a nosotros mismos o para levantar nuestra fe. Hablamos a las montañas porque sabemos que ellas se deben  someter a nosotros.

Es como si le habláramos a un perro desobediente. Si sabemos que como dueños tenemos autoridad sobre el perro, usamos esa autoridad sin  pensarlo dos veces. El perro conoce no sólo nuestra voz sino también las intenciones de nuestra voz; él conoce nuestra autoridad.  

No obstante, si le habláramos a un perro extraño, no podríamos estar seguros si responderá a nuestra reprensión o no. No existe la misma certeza y confianza; le hablaremos ‘esperando’ que responda a nuestros deseos; en este caso, no creeremos sino hasta que ‘veamos’ los resultados. Sin embargo, en el caso de nuestro propio perro, ya sabemos los resultados aun antes de hablar. Nuestro perro nos va a obedecer o sufrirá las consecuencias. No hay duda.

Así es en la oración. Hablar a nuestro problema o enfermedad sin estar convencidos, difícilmente hará algún efecto. La llave para una oración efectiva es “saber” el resultado antes de tiempo. Estamos tan convencidos de la voluntad de Dios, de nuestra autoridad en Cristo y del resultado final tanto físico, como espiritual, que hablarle al problema es solo la pieza final del rompecabezas. Pone en movimiento aquello que ya ha sido asegurado en el Espíritu.

Por tanto, debemos pasar el tiempo necesario en La Palabra y en la oración hasta que la seguridad se haga manifiesta en nuestro corazón. No hay una fórmula especial para esto, es el fruto de una relación con Dios a través de Su Palabra que nos trae a un lugar de plena confianza, fe y autoridad a través de Jesús.  

El área final a ser considerada, es la de dar gracias. Puesto que ya sabemos que la respuesta ha sido recibida, la seguridad de la fe estaría en dar las gracias aun antes de la manifestación de la respuesta. Una vez que ya sabemos que somos sanos, damos gracias a Dios. Alabanza y acción de gracias son poderosas armas para poder apresurar la manifestación a nuestra respuesta.