Para algunos creyentes la vida victoriosa en Cristo
no es una realidad. Muchos escuchan y entienden los principios del evangelio y
las grandes verdades de nuestra redención y anhelarían que estos principios se manifiesten
en sus vidas; pero, con todo, suelen terminar frustrados y sin respuestas.
El hombre
consiste en espíritu, alma y cuerpo. Existen iglesias que ministran mayormente
a la parte carnal del creyente, esto es: su
comportamiento, su manera de vestirse, su manera de actuar y de
hablar. Piensan que cambiando al hombre
exterior van a producir la ‘santidad.’ En las iglesias existen reglas
diseñadas para producir un status,
conforme a una “medida de santidad” determinada por el pastor o los
líderes
Si el
creyente deja de hacer algunas cosas y hace con regularidad otras cosas, queda
aceptado por la iglesia, y según ellos, aceptado por Dios también. El
creyente vive la vida siempre midiendo su crecimiento por reglas y leyes, y por
lo general, no se siente digno.
Otras iglesias ministran al alma del creyente, esto
es, su parte emocional. Se enfocan en las sensaciones y sentimientos del
creyente. Quieren producir momentos de lágrimas, de dolor por los
pecados, de gozo por la ‘presencia del Señor,’ de culpabilidad o de gran
emoción. Lo hacen a través de la música, la manera emocional de predicar,
subiendo y bajando las luces, con muchas sugerencias del tipo: ‘Dios está aquí’
o ‘Dios está molesto y no está aquí’. Así es que el creyente vive su vida
con altos y bajos, midiendo su crecimiento según sus emociones o las
sensaciones que vienen y se van en cada servicio. Si las sensaciones se
apagan, piensan que Dios está lejos.
El
verdadero ministerio es por la obra del
Espíritu Santo dirigido al espíritu del hombre. Es el espíritu del hombre
que nace de nuevo por la revelación de Cristo y el amor de Dios. Es Su
benignidad la que nos guía a Él (Rom.
5:5), y Su buena voluntad que revela a nuestro espíritu la Gracia de Dios y la
reconciliación que Él ya ha hecho por Cristo (2 Cor. 5:19).
El verdadero
ministerio se enfoca en el hombre espiritual y revela las verdades de la nueva
creación, la redención y el propósito de Dios para sus hijos. Cuando las
iglesias ministran al espíritu del hombre, el creyente queda edificado en su
nueva identidad en Cristo. Aprende de todo lo bueno que existe en él por
Cristo (Filemón 1:6).
En lugar de
hermanos frustrados, deprimidos y crónicamente enfermos, el verdadero
ministerio levanta al creyente de la vida atada por leyes y reglas.
El verdadero ministerio libera al creyente de la vida
superficial de emociones y sensaciones, y lo lleva al nivel de la verdadera
‘revelación’ de Cristo en nosotros, la esperanza de la gloria! (Col.
1:27)
La
revelación va más allá del entendimiento y doctrina. La revelación
transforma al creyente en su ‘hombre interior’ lo que produce la certeza y la
convicción, que constituyen la fe (Heb. 11:1). La doctrina no produce
fe. Nos puede renovar la mente y es importante, pero mientras no sea una
revelación, no veremos verdaderos cambios en nuestras vidas. La vida
Cristiana es más que la buena doctrina.
Pablo
recibió el evangelio por revelación (Gal. 1:12). Después, Jesús lo
llamó para ‘revelar’ el evangelio a los gentiles.
“Para que
abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la
potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de
pecados y herencia entre los santificados.” (Hechos 26:18)
En este llamado de parte de Jesús a Pablo, existe
mucha revelación para nosotros. Si consideramos las frases en orden,
podemos ver una secuencia de pasos que nos llevará a nuestra ‘herencia.’
La clave principal para todo lo referido a la vida Cristiana
es la ‘revelación.’ “Para que abras sus ojos.” Jesús no está
hablando de los ojos naturales, sino de los ojos del corazón, esto es, los ojos
de fe. El hombre natural vive por sus cinco sentidos y a este nivel
natural de vida, es imposible conocer a Dios. Dios es Espíritu.
Jesús dice que lo más importante es que el hombre vea con sus ojos
espirituales. La única manera para entrar en el reino de Dios y caminar
en victoria es por ‘ver lo eterno’ en lugar de lo temporal.
“No mirando
nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se
ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2
Cor. 4:18)
¿Cómo es
posible ‘ver’ lo que no se ve? Solamente
el evangelio nos puede ‘abrir’ los ojos al mundo espiritual. Esto no
sucede por leyes y reglas, ni por emociones y sensaciones. Esto solamente
puede suceder por el Espíritu.
“Porque en
el evangelio la justicia de Dios se REVELA por fe y para fe…” (Rom.
1:17)
La
naturaleza del evangelio es ‘revelar’ las cosas de Dios.
“Pero Dios
nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo
escudriña, aún lo profundo de Dios.” (1 Cor. 2:10)
Pero….
“el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu…” (1
Cor. 2:14). Cuando Pablo habla del ‘hombre natural', no solamente habla de
los no creyentes, sino de cualquier hombre que vive únicamente por sus
cinco sentidos. Los que viven al nivel natural no van a percibir las
cosas de Dios, y como resultado, no van a recibir ‘la herencia’ de victoria
que incluye: provisión, sanidad, paz, gozo, guía y mucho más.
Después de abrir
los ‘ojos’ por la revelación del evangelio (Hechos 26:18), Jesús sigue
diciendo; “para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad
de Satanás a Dios”. La verdadera conversión es el resultado de una revelación.
Nuestra redención de las tinieblas y de las ataduras, enfermedades, acusaciones
y escasez del reino de Satanás depende de la revelación de estas cosas al
espíritu del hombre.
Es por eso
que tantos hermanos siguen en vidas atadas, enfermas y pobres. Ellos han
entendido el evangelio con sus mentes, han aprendido la buena doctrina, han
cambiado su comportamiento y aún de vez en cuando pueden ‘sentir’ la presencia
de Dios en sus vidas, pero siguen en vidas frustradas. ¿Por qué? Porque todavía
les falta la revelación a sus espíritus de las grandes verdades de la fe.
Mentalmente entienden mucho, pero espiritualmente sus ojos se quedan ‘cegados.’
“En los
cuales el Dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que
no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…” (2
Cor. 4:4)
Y Pablo no
habla solamente de los incrédulos del mundo, sino también de los incrédulos
entre nosotros, los creyentes. Muchos de nosotros seguimos con los ojos
cegados a la revelación de Cristo. Somos salvos, pero confiamos más en
los cinco sentidos que en la Palabra de Dios.
Jesús
continúa diciendo en Hechos 26:18: “para que reciban, por la fe que
es en mí, perdón de pecados.”
Nuestra reconciliación con Dios es tal vez la
revelación más importante en la vida. Muchos no tienen la menor idea que
Dios ya juzgó sus pecados hace dos mil años y como resultado de esta falta de
entendimiento, siguen viviendo bajo la condenación. La conciencia
del pecado ha robado mucho a los hermanos, de su herencia en Cristo. Una
verdadera revelación de la reconciliación de Dios transforma la vida.
Entonces, el
proceso de recibir nuestra ‘herencia entre los santificados’ de la que habla Hechos 26:18 (que incluye lo que es la vida abundante
y sanidad), comienza con la revelación que destapa nuestra redención en Cristo,
nuestra reconciliación con Él y finalmente, la restauración de nuestra herencia
(lo que Adán perdió por el pecado).
Revelación,
redención, reconciliación y restauración representan las verdades del evangelio
que tienen que vivir en nuestros corazones por fe.