¿Job o Jesús?

Tal vez el libro más mal entendido de la Biblia es el libro de Job. En algunas iglesias el libro de Job es más citado que el Nuevo Testamento, y la frase “Jehová dio, y Jehová quitó” (Job 1:21), es más conocido que las palabras de Jesús cuando dijo, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

¿Existe similitud entre la vida de Job y la vida del creyente? ¿Job representa un ejemplo o un patrón para el cristiano? ¿Tienen las declaraciones de Job más autoridad que las de Jesús y Pablo? Estas son preguntas substanciales y merecen una respuesta clara.

Job es, tal vez, el libro más antiguo de la Biblia. Habla de un hombre que vivió después de Noé y antes de Abraham. Era el hombre más rico de la época, un hombre perfecto, recto y temeroso de Dios. Satanás, en su rol de acusador (Apocalipsis 12:10), tienta a Dios para que quite de Job su abundancia (Job 1:6-11). Pero Dios no puede ser tentado por el mal (Santiago 1:13) e informa al diablo que la abundancia de Job está bajo su poder, o sea Satanás tenía el dominio. “Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano” (Job 1:12). Desde el pecado de Adán y Eva en el huerto de Edén, el diablo ha sido el “dios de este siglo” y ha tenido autoridad para “robar, matar y destruir” (2 Corintios 4:4 y Juan 10:10).

La única forma que existe para experimentar la protección de Dios de los ataques del diablo es a través de un pacto. Un pacto es un acuerdo entre Dios y una persona, o un grupo de personas, que extiende a ellos la provisión, protección y abundancia de Dios, mientras ellos obedezcan la voz de Dios y los reglamentos del pacto. Al leer el libro de Job, es obvio que éste no participaba en el pacto que Dios cortó con Abraham porque Job no disfrutaba de la protección que existía bajo el pacto. Dios había declarado a Abram, No temas, Abram; yo soy tu escudo (Génesis 15:1). Job vivía en temor y no contaba con el escudo de Dios.

Job tampoco disfrutaba de las promesas que existían bajo el pacto de la ley. Dios había prometido a Israel, “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti” (Deuteronomio 28:7). El diablo y los enemigos de Job le quitaron todo en poco tiempo, porque Job fue un hombre bendecido, pero no protegido por un pacto. El sacrificaba en temor y su vida reflejaba más la vida de un hombre que no obedecía la voz de Dios; “si no oyeres la voz de Jehová tu Dios... tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida” (Deuteronomio 28:15 y 66). Job había declarado, “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). Es obvio que Job vivía sin la certeza de un pacto de protección de parte de Dios.

El hecho de que Job fuese un hombre perfecto y recto le salvó la vida. “El justo es librado de la tribulación... mas la justicia librará de muerte” (Proverbios 11:8 y 4). Pero fue un hombre sin conocimiento y sin revelación. Después de muchas discusiones teológicas con sus amigos acerca de todo el mal que le había sucedido, Dios interrumpió la conversación de los hombres y le declaró a Job su majestad y poder. La respuesta de Job es importante para todos aquellos que tienen interés en este libro tan antiguo. “Hablaba lo que no entendía... De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:3,5-6). Aún siendo un hombre “perfecto,” Job tenía que arrepentirse ante la revelación de Dios. Esta declaración efectivamente anula casi todas las conversaciones que ocupan tantos capítulos y espacio. Job admitió su ignorancia, intercedió por sus amigos, y Dios aumentó al doble todo lo que había pertenecido a Job.

Entonces, ¿qué podemos aprender del libro de Job? En verdad, hay mucho. El libro de Job nos sirve, mas que nada, como un ejemplo del hombre que no tiene un pacto con Dios, o no tiene conocimiento del pacto, siendo ignorante y temeroso.

Cuando comparamos la vida de Job con la vida del creyente, es posible ver cuán bendecidos somos, y la riqueza de la provisión que existe por fe en Cristo Jesús. Todavía, hoy en día, el diablo sigue buscando a gente de Dios que no tenga conocimiento de sus derechos ni su autoridad. “El diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:7). El diablo tuvo acceso a Job, y el temor de Job le abrió la puerta a su vida.

Veamos ahora algunas de las diferencias que existen entre la vida de Job y la vida del creyente.


1. Job no tenía un pacto con Dios.

Ya hemos visto que Job no disfrutaba de la seguridad que proviene de un pacto con Dios. El vivía y sacrificaba en temor, y sus enemigos y el diablo tenían acceso a todas sus cosas.

Pero, ¿qué de nosotros? Gracias a Dios, no solamente tenemos un pacto, sino tenemos el mejor pacto posible. “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo (Jesús), cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas(Hebreos 8:6). El pacto que Dios nos dio, por medio del sacrificio y la resurrección de Jesús, es por su gracia, y depende de nuestra fe el que tenga poder en nuestras vidas. En este pacto existen promesas de salvación, sanidad, protección, provisión, paz, autoridad, gozo y mucho más. Job no disfrutaba de nada similar. Lamentablemente, si somos ignorantes del Nuevo Pacto, tampoco disfrutaremos de sus beneficios.


2. Job no tenía conocimiento del diablo.

En el Antiguo Testamento, existen muy pocas referencias al diablo. Para muchos de los autores del Antiguo Testamento, todo lo que pasaba en la vida provenía de Dios, fuese bueno o malo. Sin embargo, en Malaquías 3:11, Dios declara que “reprenderé también por vosotros al devorador,” pero jamás había mencionado antes quién era o su rol en el mundo. Era un tema casi desconocido antes de Jesús.

Pero el diablo existía en los tiempos antiguos, y de hecho Jesús y los autores del Nuevo Testamento nos aclararon bastante el tema . El diablo es “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4), “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31), “el ladrón” (Juan 10:10), “el príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2), y “el maligno” (1 Juan 5:19). Su rol es robar, matar y destruir (Juan 10:10), y su dominio es el mundo entero (1 Juan 5:19). El diablo mismo declaró a Jesús que los reinos de la tierra, su potestad y la gloria de ellos a él fueron entregados (Lucas 4:5-6). ¡Y Jesús no lo niega! Así fue en el tiempo de Job, también.

Job vivía sin este conocimiento, y entonces, erróneamente culpaba a Dios por sus aflicciones. “Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, Cuyo veneno bebe mi espíritu; Y terrores de Dios me combaten” (Job 6:4). Pero nosotros sabemos que nuestra lucha no es contra Dios, sino “contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12), y si tomamos el escudo de la fe, podemos “apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).


3. Job no tenía un conocimiento pleno de Dios.

Job no tuvo acceso a la revelación de las escrituras, porque vivió antes de ellas. Su conocimiento de Dios estuvo limitado a lo que había escuchado de sus antepasados. El mismo dijo, “De oídas te había oído.”

Pero, ¿qué del creyente? La revelación de Dios a través de Jesucristo es la máxima revelación que existe. “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:15).

Si alguien quiere conocer a Dios, sólo es necesario ver a Jesús porque El es Dios en la carne. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Jesús es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3) y El es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Todo lo que piensa Dios, piensa Jesús. Todo lo que dice Dios, dice Jesús. Y todo lo que hace Dios, hace Jesús. Jesús nos muestra como es realmente Dios, sin ningún misterio ni duda. Lo que es Dios, es Jesús. Y Dios mismo dijo acerca de Jesús, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd (Mateo 17:5). A Job le faltó esta revelación. No somos como él.


4. Job no había nacido de nuevo.

Una de las diferencias más importantes entre el creyente y cualquier personaje del Antiguo Testamento es la diferencia espiritual. El creyente es una nueva criatura (2 Corintios 5:17), reconciliado con Dios (2 Corintios 5:20), hecho justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21), y un espíritu con él (1 Corintios 6:17). Además, nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1Corintios 6:19), y Cristo vive en nosotros (Gálatas 2:20). Ninguna persona del Antiguo Testamento experimentó algo similar. El nuevo nacimiento transforma al hombre, le libra de la potestad de las tinieblas y le traslada al reino de Jesús (Colosenses 1:13). Automáticamente, el creyente recibe autoridad “sobre toda fuerza del enemigo” (Lucas 10:19). Es obvio que la ignorancia de Job, más el hecho de que no había nacido de nuevo, le dejó expuesto a las tácticas de Satanás. El creyente no tiene que pasar por lo mismo.


5. Job no tenía armas para luchar.

Una de las realidades más gloriosas bajo el Nuevo Pacto es el hecho que Dios ha capacitado al creyente para enfrentar todas las circunstancias adversas que existen en el mundo. El creyente no es una víctima sino un vencedor. “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (2 Corintios 2:14). Al mencionar lo que Dios nos ha concedido por Cristo, es fácil observar la gran diferencia que existe entre la vida del creyente y la de Job. Hemos recibido la autoridad del Nombre de Jesús (Hechos 3:6), la promesa del Espíritu Santo (Hechos 1:4-8), la armadura de Dios (Efesios 6:11-18), los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:1-11), las llaves del reino para atar y desatar (Mateo 16:19), la Palabra de Dios (Juan 17:8,14), el poder de la fe (Marcos 11:22-23), grandísimas y preciosas promesas (2 Pedro 1:3-4), y la paz que sobrepasa el entendimiento (Juan 14:27, Filipenses 4:7). Además, no hemos recibido un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7).

Entonces, ¿cómo puede un creyente pensar, por un minuto, que su vida es comparable a la vida de Job? A Job le faltó el conocimiento y las armas para luchar. Fue una víctima, pero nosotros no. ¡Ya hemos sido bendecidos con toda bendición (Efesios 1:3)!


6. Job adoraba a Dios en temor e ignorancia

... y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos (sus hijos). Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos... De esta manera hacía todos los días (Job 1:5). Evidentemente, era un hombre de buen corazón, pero adoraba y sacrificaba en ignorancia. Gracias a Dios, ¡no vivimos en la misma ignorancia! Jesús declaró, “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad... Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24). ‘En espíritu’ significa nacido de nuevo, y ‘en verdad’ significa, según la revelación de Jesús a través del Nuevo Pacto. Dios demanda nuestra adoración, no según nuestras supersticiones y temores, sino según la revelación de su amor y gracia a través de Jesucristo. Job no podía adorar así, pero nosotros, sí podemos.


7. Job vivía en temor

Ya hemos mencionado que el espíritu que controlaba a Job, como a todos los que viven sin conocer a Jesús, es un espíritu de temor. Cuando Adán y Eva pecaron en el huerto de Edén, perdieron instantáneamente su confianza en Dios y tuvieron miedo (Génesis 3:10). Es el miedo, o el espíritu de temor, lo que opera en la raza humana y produce las religiones, las supersticiones y los ritos paganos. El hombre que no ‘ha nacido de nuevo’ no conoce a Dios y así, es imposible tener una conciencia libre de pecado. Por eso, Job sacrificaba todos los días, por si acaso. Por eso, exclamó, “y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25).

El creyente no vive así. Pablo declara que, “en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe (no por sacrificios),... como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (no por el temor) (Romanos 1:17). Entonces la vida de un creyente es una vida de fe, esto es, plena confianza y certeza en la Palabra de Dios. El hombre o la mujer de fe no duda, como dudaba Job. El creyente pide con fe, no dudando nada (Santiago 1:6-8). “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:21-22). Job no tenía esta confianza. El se quedó en su miseria hasta que Dios le habló directamente y le instruyó.


8. Job no tenía un intercesor.

Algo que muchos no entiendan es que el diablo tuvo acceso al cielo para acusar al hombre hasta que Jesús se sentó a la diestra de Dios. Satanás era el acusador de los hermanos (Apocalipsis 12:10), y los acusaba delante de Dios día y noche. Pero cuando vino la salvación, el poder, el reino y la autoridad de Cristo, el diablo fue lanzado fuera del cielo y Jesús fue nuestro representante ante Dios (Apocalipsis 12:10). Entonces Pablo declara, “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34). Esto es algo que jamás experimentó Job. El ministerio de Jesús a nuestro favor significa una enorme bendición para el creyente. Su sangre nos limpia, su Espíritu nos llena, su gracia nos cubre y sus oraciones nos sostienen.

Entonces, ¿a quién seguiremos? ¿A Job o a Jesús? Aunque es interesante leer acerca de un hombre de tanta paciencia y ver la misericordia de Dios en su vida, ésta, realmente no tiene mucha relevancia para el creyente del Nuevo Pacto. El Señor nos respalda con toda la abundancia del cielo, nos ha dado sus promesas y ha establecido un pacto eterno con nosotros a través de la sangre de Jesús.

Vale la pena pasar más tiempo investigando el Nuevo Pacto, en lugar de la vida de Job. Job es un ejemplo de lo que produce la ignorancia y el temor. Jesús nos habla de lo que es posible por la revelación y la fe. Job, en su ignorancia, culpaba a Dios por sus problemas. Jesús ES Dios en la carne y culpó al diablo por la destrucción en el mundo. Job dijo que el Señor quita. Jesús declara que es el diablo quien quita. Job dijo que los “ terrores de Dios me combaten.” Jesús dijo, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:29-30).

Yo creo que es obvio para todos que nuestro ejemplo y la base de nuestra fe se encuentran en Jesús, y no en Job. Como dijo el Padre, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd (Mateo 17:5).