Dios siempre
sana. Él ya ha provisto la sanidad para
cada persona sobre la tierra del mismo modo que Él ha provisto el perdón de los
pecados y la redención.
Nuestra fe es el resultado de una relación de amor y confianza con Dios. Esa relación
es la clave para recibir todas las cosas que Él nos ha prometido, entre ellas
la sanidad.
A menudo descuidamos nuestra relación con Dios y podemos permanecer en ese estado sin darnos por enterados, hasta
que una prueba difícil, como una enfermedad, se presenta. Lo primero que se
suele intentar es “hacer” cosas, buenas obras, con el fin de obtener algo de
Dios, pero esto no es lo que producirá la sanidad.
Tenemos que entender que Dios ya ha proporcionado lo que necesitamos. Él no tiene
razones misteriosas para impedir lo que Él mismo ha querido entregarnos. Lo que
sucede es que no hemos entrado en el “descanso” de la fe. Continuamos luchando con
nuestros propias fuerzas, buscando “fórmulas de fe” en lugar de, simplemente, estar
recibiendo de Alguien que nos ama y en Quien confiamos.
Así como tenemos ojos físicos, tenemos ojos espirituales. Los ojos que
decidamos usar, determinarán los resultados que veamos en la vida.
Podemos
optar por ver las cosas como Dios las hace: Sanidad, liberación, abundancia,
protección, paz y gozo. Todas esas cosas son realidades espirituales. Si
podemos “ver”' estas cosas, podemos tenerlas. Lamentablemente, la mayoría de
nosotros estamos tan ocupados meditando sobre lo que nuestros ojos físicos ven
que ni siquiera consideramos lo que Dios nos ha proporcionado. Pero si
pudiéramos "ver" estas cosas, las proclamaríamos y las recibiríamos.
2Co 4:18 no mirando
nosotros las cosas que se ven, sino las
que no se ven; pues las cosas que se
ven son temporales, pero las que no se
ven son eternas.
Aprender a ser libre de nuestros sentidos es el resultado de estar totalmente
enfocado en Dios y Su Palabra.
2Co 4:13 Pero
teniendo el mismo espíritu de fe,
conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
A menudo confundimos “estar de acuerdo" con tener "fe". Nuestras
mentes comprenden un concepto mucho antes de
que haya sido concebido verdaderamente en nuestros corazones. Entendamos
que la fe sale del corazón, no de la cabeza. (Rom 10:10)
Esto no debe ser tomado como una condenación. Es precisamente la realidad del
aprendizaje de vivir por fe. Podemos tener grandes victorias de fe en algunas
áreas, y en otras, todavía estar luchando.
Si nuestra fe no está donde necesita estar para poder ver la manifestación de
una sanidad, entonces busquemos ayuda médica.
Podemos
“entender” que la Voluntad de Dios es sanarnos; pero no piense que la
obstinación en lo que se ha entendido, producirá un resultado automático. Debemos establecer la clara diferencia
que existe entre “conocer o estar de acuerdo” y estar absolutamente convencido
de que “ya ha sido hecho”. Son dos cosas muy distintas.
La fe es
"saber que tu sabes." Cuando tu sabes que estás sanado, entonces no
dejas que los síntomas físicos se interpongan en tu camino. Tu sigues confiado, sabiendo que la manifestación
llega desde el mundo espiritual al mundo físico.
Ya te ha
sido dado.
En el caso
de que sea mayor el conocimiento mental que la revelación espiritual, tendrás incertidumbre, frustración e incluso miedo. Eso sólo puede
remediarse mediante la recepción de una palabra de Dios que te llevará a una
nueva dimensión. Tu lo sabes por la paz y la confianza que produce. Puedes estar frente a una montaña, pero sabes que ya tienes la victoria.
Gran parte de lo que llamamos una "batalla de fe” es en realidad una
batalla contra la incredulidad. Cuando se concibe la fe existe un «saber» y la
garantía de que tenemos lo hemos creído, antes de la manifestación. La incredulidad sólo puede ser
conquistada por eliminar las distracciones y centrarse en Él y en Su Palabra.
La mayoría de las personas pasan más tiempo centrados en las distracciones de
la vida y pasan muy poco tiempo con el Señor, sin embargo, esperan que esta
mínima “relación” produzca grandes resultados.
Cuando se concibe la fe, hay una especie de "declaración de fe» que fija
los criterios para la manifestación. Criterios que son diferentes en cada
persona y cada circunstancia. En el caso de la mujer con el flujo de sangre, su
criterio o declaración de fe era que "si tan sólo tocare el borde de su
manto, seré salva”. Ella determinó el momento de su curación, no Jesús.
En el caso del centurión y su siervo, el centurión declaró a Jesús, "Yo no
soy digno de que entres en mi casa, pero sólo di la palabra y mi siervo sanará".
Jesús estaba dispuesto a ir a su casa, pero la fe del centurión estableció un
nivel diferente de fe. Jesús le
respondió a su nivel.
Jairo dijo a Jesús que si Él iba poner sus manos sobre su hija, ella viviría.
Se trataba de la decisión de Jairo, su punto de fe, sus criterios. Jesús
respondió a su fe.
Vemos esto una y otra vez como Jesús dijo a los que fueron curados que era su
fe que los había sanado: “conforme a tu fe te sea hecho." El respondió al
nivel de fe de cada uno, a los criterios de “si tan sólo…”. “Si tan sólo yo
puedo tocar su manto”, “si tan sólo Él pone sus manos sobre mi hija”, “si tan sólo
Él habla de La Palabra”.
Cuando estamos en el lugar de “si tan sólo”, estamos más allá de la batalla con
la incredulidad pues sabemos que sabemos que tenemos nuestra sanidad. Esto no
es algo que decidimos en nuestras mentes. Esto se
trata de una fe que nace en nosotros mientras escuchamos Su Palabra y recibimos
la revelación que nos da la certeza de que la provisión para nuestra
necesidad ya existe. Nada puede remover esa convicción.
Nada puede impedir ese tipo de fe. Esa clase de fe puede incluso abrir un
agujero en el techo de una casa y bajar el lecho donde yacía un paralítico a la
presencia de Jesús.
Este punto de fe es diferente para todos. Tu punto de fe podría estar en que alguien ore por ti haga que el poder
de Dios se manifieste en tu cuerpo, o podría ser que recibas la revelación de tu sanidad en tu propio comunión con Dios.
La
manifestación de la sanidad darse en forma gradual o instantánea. Pero tu
sabes que sabes.